Después de 18 años, el Atlético de Madrid consigue su décimo título de Liga. Bajo las órdenes de Diego Pablo “Cholo” Simeone, el equipo ha llegado al éxito de la mano de las premisas de este entrenador, ejemplo de cómo gestionar óptimamente los recursos de un equipo.
Mucho se ha escrito sobre la relación entre fútbol y vida real, y el caso de la dirección de Simeone a la cabeza de su equipo no es distinto. El papel de un entrenador de fútbol y el del directivo de una empresa no son tan diferentes. Ambos necesitan que su equipo confíe en ellos para sacar el máximo partido de los recursos con los que cuentan.
La figura del líder es esencial. Hay que tomar decisiones y seducir al grupo. “El grupo tiene que estar contigo, tiene que creerte. Si duda de ti o desconfía, las piedras empiezan a aparecer en el camino”, ha explicado Simeone, en más de una ocasión. Tanto en el éxito como en el fracaso ellos deben dar la cara y cuando las cosas no salen como se había planeado, ellos deben asumir su responsabilidad.
Un líder no sólo a efectos téoricos o burocráticos, sino emocional, con fe en lo que hace, seguridad en ello, capacidad de transmitir estos mensajes al equipo, con transparencia y sinceridad. Vivir cada momento con pasión regirá toda acción y atraerá el éxito y la suerte, seguidos, por supuesto, del trabajo y el esfuerzo.
Ambos roles, el de directivo y el de entrenador, comparten un mismo leit-motiv: la consecución de un fin. La necesidad de ganar de un entrenador y la de obtener buenos resultados para un directivo. Objetivos ambos imposibles de lograr sin tener en cuenta la gestión de los recursos humanos: que las personas estén implicadas en su labor, comprometidas con su trabajo, trabajando por el bien común y el objetivo de la empresa-equipo; personas motivadas y concentradas en una idea, en un objetivo común, en última instancia.
Simeone basa su estrategia de motivación en tres pilares: el esfuerzo, el talento y la confianza.
El primero de ellos es fundamental para superar las dificultades pero también para no dejar de crecer en tiempos buenos. Una plantilla que se esfuerza conseguirá más fácilmente sus metas.
La gestión del talento suele ser una asignatura pendiente tanto para entrenadores de fútbol como para directivos de empresas. El talento es complementario al esfuerzo, pero nunca lo sustituye del todo.
En un equipo de trabajo, la persona al mando debe encontrar el lugar más adecuado para que cada miembro ponga su talento a disposición del éxito colectivo. La suma de los talentos individuales en la posición adecuada es una buena base para el éxito. El compromiso de todas las personas lleva al éxito común y a la identificación de cada una de ellas con el objetivo de la empresa o del equipo; serán, pues, éxitos logrados con el trabajo de todos.
Contar con unos recursos ilimitados puede resultar a priori garantía de éxito pero convertir la motivación en pieza fundamental de la estrategia de una organización consigue equipos humanos más integrados y productivos. Simeone lo sabía y así de bien le ha ido.
Equipo Recursos Humanos